Vivir en mi isla es como vivir en un parque temático, de caballitos, autos de choque, tren de la bruja... el látigo o el barco pirata cada vez q te cobran... Un paraíso lleno de posturero y figurantes que recorren histriónicamente el parque.
Una calle vacía, silenciosa y/o limpia es una tómbola; nunca toca! Mientras se nos llena el cielo de perritos piloto.
Soldaditos de plomo invaden las calles sin guerra pero sin paz, prometiendo riqueza con sus fichas de plástico mientras se pone en venta nuestra libertad.
El estanque salado de patitas de "silicona", de muñecas chochonas y tiros al blanco fallidos mientras se pudre la esencia de mi isla...
Excedido el aforo, se saturan las atracciones, colas interminables para la piscina de olas. Aguas turbias, mientras los habitantes casi invisibles quedan atrapados en la taquilla, sin acceso, ni dentro, ni fuera, bajo una montaña de billetes que acabarán pasando facturas impagables.
Convertidos en meros tiqueteros de la isla, permanecemos a la espera del cierre para volver a pisarla y descubrir que el parque también era nuestro. Comprobamos que es un escenario real con personajes reales, cansados e irreconocibles tras el ajetreo... es hora de sacar la basura.
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